¡Buen domingo, querido lector! Don Severo, así nada más, me ha permitido comentar su respuesta a mis dos “charlas” anteriores, y afirma: “el deshacernos de quienes nos han servido es no haber amado a nuestros amigos, a nuestras parejas, a nuestros libros y sólo ser unos aprovechados de las amistades”.

     Es evidente: don Severo recibió como pedradas mis palabras y alguna le dio en la cabeza. No, definitivamente, no.  Cuando he hablado de la necesidad de purificar nuestra biblioteca para recuperar lugares para libros activos, no me he referido a las relaciones  personales. Ciertamente, la función de la metáfora es sustituir y, por ello, el hecho de purificar nuestra biblioteca bien puede ser metaforizado por el de purificar nuestra vida. Y desde ese punto de vista, ¿eso es malo, don Severo? ¿Debemos acumular todas nuestras relaciones, desde el día de nuestro nacimiento?, ¿desde la mano que nos dio la nalgada para abrir nuestros pulmones? Por favor, dígame: ¿Le parece sensato no guardar su automóvil en la cochera porque ésta es una sucursal de sus recuerdos familiares? o ¿está de acuerdo en no ocupar con su propia ropa un cajón de su chifonier porque allí tiene viejos expedientes ya inoperantes e inútiles?

     Don Severo, si usted ha contestado a las preguntas anteriores, se debe a la pobre estimación de su salud, de su tiempo, de su carrera, de su casa, de su esfuerzo cotidiano por lograr sus metas. No se trata de ser desamorados, sólo de no mantener en el refrigerador lo no necesario para nosotros, pero aprovechable por otros. Debemos pensar en alargar el proceso de utilidad de un objeto. ¿O no? ¿Conoce usted la palabra egoísmo? El diccionario está a sus órdenes.

     Según usted, “el deshacernos de quienes nos han servido es no haber amado a nuestros amigos, a nuestras parejas, a nuestros libros”. ¿Y está seguro de si nuestros amigos, nuestras parejas o nuestros parientes desean que los sigamos “conservando”?, ¿no ha pensado en la posibilidad de que sólo esperan un descuidito para escapar de nuestras amorosas garras, llámense amantes, hijos o lo que quiera? ¿Por qué atar algo o a alguien a nuestra persona? ¿Usted cree que sólo nosotros decidimos quién permanece y quién se va?

     Don Severo, entre el amor y la costumbre media un océano; entre la pasión y la patología… Desde luego, aquí surgen cuestiones como ¿hasta dónde estamos haciendo lo correcto?, y de la mano llegamos a aquella de: ¿qué es el bien? Mi respuesta es muy simple. El bien no causa daño a nada ni a nadie. Pero hablamos de abstracciones: hay bienes muy buenos para unos y muy malos para otros. Todo es según el color del cristal… pero no olvide que algunas caricias descalabran. Y otras… matan. Pero esto es ya entrar en filosofías de largo alcance y ‒estoy segura‒ ni usted ni yo estamos en esas posibilidades. Si no quiere higienizar su biblioteca,  pues no lo haga, hombre de dios, pero no se enoje conmigo si no veo la vida con su mismo lente. De todas maneras, gracias, don Severo, muchas gracias por leerme. Si se enfada conmigo y me regaña, yo no me aflijo por eso… aguanto vara.

     ¿Y me leerá el próximo domingo? Gracias. ¿Y leerá poesía conmigo? Más gracias. Escríbame. No olvide la dirección: http://endulce charla.wordpress.com

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