¡Buen domingo, querido lector! Sí, amigo mío, un libro es un amado amigo, un inolvidable amigo, pero los amigos no tienen por qué ser eternos. Iniciemos el proceso de despedida para ciertos “amigos”. Pero  sólo en el caso de desear purificar nuestra biblioteca.

     No es saludable conservar, per aeternam, a todos los que nos han acompañado en las distintas etapas de nuestra vida. ¿No le parece un acto monstruoso?, sí, además de imposible de realizar. Una necesidad, un motivo o una función explican una existencia. Cuando la necesidad desaparece, los satisfactores deben desaparecer. Si esto no sucede, caeremos en dos situaciones enfermizas muy serias: acumulación en demérito de áreas importantes cuyo aprovechamiento nulificamos, e invitación a mohos e insectos carcomedores de papel y contaminadores de los volúmenes activos.

      Conviene una revisión de cuáles son las obras que debemos mantener cerca y a cuáles despedir. Primero partirán las enciclopedias de antiguo uso  escolar, éstas ya han sido superadas por otras no sólo más actualizadas, sino en formatos más prácticos para las estanterías actuales. Para el resto de nuestra biblioteca aplicaremos un criterio de división en locaciones: las de primordial valor para el desempeño de nuestras actividades profesionales, las de carácter enciclopédico actualizado, y las que por su historia editorial (primeras ediciones, ediciones de lujo), deben continuar en su sitio de honor.

      Conviene aquí meditar sobre el carácter sentimental que nos une a algunos libros, circunstancia muy inconveniente: con frecuencia es la mayor causa del almacenamiento inútil. La decisión sobre estas obras es estrictamente emocional. Dentro de estas enormes generalidades estableceremos las divisiones tópicas necesarias para el ordenamiento  más eficaz de nuestra colección.

     Al purificar nuestra biblioteca, atender con cuidado el caso de los ejemplares con una variadísima temática, pero ya sin interés en nuestro trabajo actual: son los ajenos al tema que “de aquí p’al real” nos ocupará. Pensemos dónde sí podrán ser útiles y amados: ¿bibliotecas públicas?, ¿centros de investigación?, ¿instituciones docentes?, ¿universidades? Todo lugar es bueno, pero debemos buscar el espacio donde tendrán una superior utilidad. ¿Y por qué no hacer una venta para amigos o “de  garage” con un precio fijo? Esto de ponerles precio es sólo para evitar a los buscadores de papel para lumbrada. Con un precio, cada tomito será deseado, útil y recibido amorosamente en otra estantería donde se revitalizará y cumplirá su destino. Usted ganará unos pesos, y si alguien no puede comprar y usted le ve la codicia en los ojos, ande, no sea malito, obséquieselo. ¿Cómo la ve?, ¿le gusta el plan?, ¿se anima? Yo lo he hecho sólo una vez y me he sentido muy bien: mis viejos amores han enriquecido las horas de otros como alguna vez enriquecieron las mías. ¿No le parece maravilloso? En estas circunstancias no caben los celos. ¿O usted es muy celoso? Hágase el disimulado, los celos no sirven para nada, acuérdese de Otelo.

     ¿Me leerá el próximo domingo? Gracias. ¿Y se animará a leer poesía conmigo? Más gracias. Escríbame. No olvide la dirección: https://endulcecharla.wordpress.com

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