¡Buen domingo, querido lector! ¿Ha pensado en hacer el recuento de su biblioteca. Le aseguro que no se necesita de una gran experiencia bibliotecológica, sólo se trata de hacer el enlistado formal de lo reunido en el transcurso de nuestra vida. Ese recuento nos puede deparar múltiples sorpresas: la primera será informarnos sobre qué poseemos. En casa y en la oficina hemos ido acumulando volúmenes con diversos orígenes, desde los adquiridos para el conocimiento relativo a nuestra profesión hasta los comprados como parte de un género cuya lectura nos es grata (novela policiaca, por ejemplo), y sin olvidar los que han llamado nuestra curiosidad hacia rubros que alguna vez nos han sido interesantes, y los recomendados por respetables lectores. Así hemos conformado una buena colección de cuyo futuro hemos de preocuparnos para que nunca sea vendida a granel como si fuera material de lance. Conviene, desde ahora, iniciar nuestro inventario y saber qué hay en la estantería. Pero, ¿cómo empezar?, ¿por títulos?, ¿por autores?, ¿por temas?, ¿por editoriales? Todas esas clasificaciones son válidas.

     Vayamos al principio: una buena mirada a esos amigos expectantes. Consagremos a esa tarea unas horas a la semana: es posible encontrar algunos viejos camaradas perdidos, o descubrir a varios cuya existencia desconocíamos, y quizá a otros que ya habíamos dado por perdidos. En esta labor tendremos la oportunidad de releer algunas páginas deliciosas o tropezarnos con algunos intonsos a la espera de la agresiva  plegadera. Todo puede suceder. El paseo por nuestros bienes bibliográficos evocará instantes idos; revivirá ideas frecuentadas y ya pasadas de moda hasta para nosotros mismos; reconsiderará las viejas posiciones políticas, sociales o estéticas amadas alguna vez y que en este hoy podríamos retornar a nuestro pensamiento. En fin, un paseíllo por la biblioteca será siempre saludable como un buen principio para hacer la nómina importantísima de nuestros libros.

       Permítame, caro lector, decirle a usted cuál es mi sistema bibliográfico: yo prefiero mantener áreas por géneros (cuento, novela, poesía, ensayo, historia, estética, filosofía, etc.), y en cada uno dispongo los volúmenes alfabéticamente por autor. Los diccionarios, en cuanto instrumentos de consulta  permanente, ocupan un solo sitio, por temas, cercano a mi zona de trabajo. Este orden me permite saber, de manera muy práctica, si tengo o no tal o cual título.

     Si usted no quiere detenerse a investigar las particularidades de cada volumen, puede intentar una disposición alfabética general por autor: es muy simple y muy cómoda; no requiere de altos conocimientos especializados: basta abrir los forros y mirar atentamente la portada. Piénselo, será muy divertido hacer su propia lista de libros y sabrá, de inmediato, con qué obras cuenta. Como sé que el tema es de interés para usted, ¿me permitirá volver a él una vez más el próximo domingo? Gracias.

¿Y también leerá poesía conmigo? Más gracias. No olvide la  dirección:  https://endulcecharla.wordpress.com

 

 

 

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