¡Buen domingo, querido lector! Don Alfonso Reyes decía: “Todo lo sabemos entre todos”. Gran verdad. Una voz ilustre en la política nacional parodió la famosa frase en “Todo lo podemos entre todos”. También, gran verdad. En una sola persona o familia o ciudad o país no puede recaer el compromiso de solucionarlo todo. Hay labores de la competencia de una comunidad integrada por múltiples individuos dotados de diferentes y distintas aptitudes. Un ser  colectivo es más completo, más amplio, más informado, más fuerte. El triunfo de grupos específicos promueve la confianza común sostenida por el Amor –Conocimiento, Cuidado, Respeto,  Responsabilidad, dice Fromm. Esos triunfos pueden ser materiales o ideológicos, según nuestra personal instrucción y educación. Para llegar a estos momentos culminantes habremos de pasar, previamente, por el estudio, por la organización, por la disciplina y por todo lo obligatoriamente necesario si queremos ser vencedores.

     Pero hay defectos sociales de orden cultural convertidos en rémoras de toda empresa.  Podríamos hacer una lista de ellos con varias jerarquizaciones y todas serían válidas. Pero algunos, como ciertos gusanos de larga incubación, se han incrustado en pensamientos y conductas ancestrales, y su presencia, soterrada, emite a la superficie los miasmas socavadores de todo proyecto. Permítame, lector amigo, citar aquí, lo que en mi lista personal considero la mayor lacra: el convencimiento de que todo nos debe ser dado. Esta actitud mendicante ha sido el termómetro para otorgar el voto a quien nos obsequie más prendas sin tener en cuenta sus merecimientos políticos. Éste es el origen de la sempiterna bolsa adosada a las espaldas de los candidatos, causa mayor de la obesidad presupuestal de cada campaña, dinero tirado a la basura para satisfacer a los no pensantes. Éste es el origen de las famosas tortas para convencer, precio vergonzante de los sufragios que se compran con dádivas. Éste es el origen de los candidatos marchantes, prometedores de falsos beneficios a las perennes manos pedigüeñas.

     ¿Y por qué no pensamos a la inversa? ¿Por qué no hacemos cuentas de lo que nosotros, como ciudadanos, debemos a la Nación. ¿Por qué sólo deseamos recibir? ¿No sería mejor exigir? Pero sólo exigiremos cuando hayamos cumplido con nuestra cuota nacional. Y todos sabemos muy bien cuál es esa cuota y, definitivamente, no es económica, sino de esfuerzo, de colaboración y de todo lo encarnado en el Amor para la tierra que pisamos y cuyo calor nos abriga; para la Ciudad, para el Estado, para el País  que nos ha dado su nombre. Nosotros como ciudadanos también debemos entregar nuestro esfuerzo y vigilar nuestros bienes comunes.

     Analicemos las promesas: no veamos los espejitos de colores. Examinemos las propuestas creíbles: reconozcamos las entelequias. Confirmemos el trabajo constructor por la solidez del Estado. ¡No sigamos las voces pastorales! ¡Pensemos! ¡Votemos por quien sepa entregar Respeto, Trabajo, Honor y Salud a la Patria desde el lugar que le corresponda ocupar.  ¡Felices comicios!

     ¿Y me leerá el próximo domingo? ¿Y leerá poesía conmigo? Gracias. No olvide la  dirección:  https://endulcecharla.wordpress.com

 

 

 

 

 

 

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