¡Buen domingo, querido lector! ¿Cuánto de lo que hacemos o decimos lo hemos hecho o dicho porque así lo hicieron o dijeron nuestros ancestros, desde los inmediatos hasta los más lejanos cuyos nombres ya hemos perdido, pero estamos “seguros” de su existencia si madre y padre lo afirmaron? Mircea Eliade, el distinguido historiador de religiones, en su Aspects du mythe (New York,1963) nos habla del prestigioso tiempo de la “Creación”: tiempo y espacio donde seres míticos hicieron y dijeron “lo primero”, seres a quienes “recordamos” y sublimamos como dotados de poderes divinos: volar, crear el fuego, vivir entre las aguas, romper columnas de ciudades: todos ellos representantes de nuestra concepción del mundo, de nuestras ideas y conducta desde “los inicios” cósmicos hasta el presente. De acuerdo con el doctor Eliade: “el hombre es lo que es hoy, ser mortal, sexuado y cultural, a consecuencia de las intervenciones de aquellos seres sobrenaturales.”

     Así, la conducta prístina, representativa e inaugural de lo que ha sido importante para el hombre, recogió esencias –hipóstasis, dirían los filósofos– de carácter “universal”. La evolución humana y, por ende, social, matizó y particularizó creencias y actos teniendo en cuenta la geografía y la historia sin perder de vista que “la función principal del mito –afirma Eliade– es revelar los modelos ejemplares de todos los ritos y actividades humanas significativas: tanto la alimentación o el matrimonio como el trabajo, la educación, el arte o la sabiduría.”

      Los modelos a seguir en nuestra actualidad han modificado los caminos para el mejor aprovechamiento de los beneficios que nos ha otorgado la Modernidad, pero en todos subyace el eje sustentador del Principio. Así lo demuestran las actitudes heroicas que elevan el espíritu de nuestras voces interiores (sagradas) siempre dispuestas a evocar el Origen. De ahí parte nuestra admiración, nuestra ensoñación, nuestra idealización a todos los seres capaces de realizar actos heroicos –hazañosos, epopéyicos. Los héroes de hoy nos dejan ver –ciertamente de manera excepcional– una línea hacia la fuente única donde hombres y dioses compartían el Universo. Esa línea luminosa permite recuperar los dones perdidos para regresar al mundo actual poseedores del Conocimiento del Mundo: así Prometeo, así Aquiles, así Eneas. La aceptación de los héroes –fuerza, verdad– es la garantía certera de que las vías hacia la comprensión del Principio no se han clausurado, están ahí, gran motivo para salvaguardarlo, procurarlo, honrarlo: es la genealogía venerada por los clásicos, es Rómulo y Remo, es el Nombre, es la Fama. A nosotros, los de Hoy, nos compete la conciencia vigilante para no caer en falsas posiciones heroicas, inevitables conductoras hacia el terreno de las patologías, de las desubicaciones, de la Mentira. ¿O no lo cree usted así?

     ¿Y me leerá el próximo domingo? ¿Y leerá poesía conmigo? Gracias. No olvide la  dirección:  https://endulcecharla.wordpress.com

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