¡Buen domingo, querido lector! ¿Por qué han huido nuestras librerías? Quedan un par de ellas como parte de empresas de intereses múltiples: allí los anaqueles lucen pletóricos de caldo de pollo para el espíritu y el best seller de hoy. Sólo la heroica librería del Espacio Cultural Metropolitano mantiene una lucha denodada por la supervivencia. Hay explicación para este desinterés por la lectura. ¿Por qué ya no vienen a visitarnos de manera programada los escritores de cuya presencia alguna vez gozamos, hoy cometas de feliz memoria? ¿No cree usted, caro lector, en la urgencia de acercarnos de manera menos diletante a las bellas artes? No todo en la vida es bohemia y ocurrencias de última hora. ¿Por qué no participa la televisión y la radiodifusión porteña en emisiones que eleven nuestro estatus cultural y supriman tantas bobadas fomentadoras de la vulgaridad y de la holgazanería mental?

      Sí, está usted en lo cierto: estoy echando tiros al aire. Hay tanto de qué hablar en esta época encapillada en los inminentes comicios. Quisiera imaginar mil y un proyectos en la mesa de trabajo de los candidatos, de gobernador para abajo: diputaciones, alcaldías y sus correspondientes regidurías, direcciones, jefaturas y demás cargos. Y entre esa multitud de proyectos idealmente interesados en el bien social, desearía ver muchos destinados a la alta cultura: recuperar los premios perdidos, crear programas de visita de los escritores más afamados y ¡un gran apoyo a nuestros artistas en todas las áreas!

    En nuestra imaginación hay muchos retratos para todos los puestos políticos, según el campo de trabajo que nos interesa. Si somos gente de campo –ganaderos, agricultores–, necesitamos a alguien recio, decidido, con los tamaños suficientes para ponerse las botas sin remilgos cuando vengan los chubascos. Si somos citadinos, precisamos de alguien no muy rasposo y con un saludable buen gusto urbanista que lo obligue a recuperar la hermosa y olvidada imagen de la ciudad, y no sólo a cuidar sus calles comerciales. Si somos artistas, nos urge alguien cultivado y muy bien dispuesto a elevar el espíritu y a asumir que el arte y la cultura requieren de un suficiente e  inaplazable presupuesto. ¿Serán ilusiones volanderas?

     Entre los intereses urgentes de nuestra ciudad está el regreso de las librerías, de las ferias libreras, de los premios, del apoyo al talento de nuestros artistas en todas las áreas. La  política, en cuanto servicio y cuidado de la comunidad, debe ofrecer las oportunidades necesarias para el renombre del puerto.

      En estas cíclicas fechas, es inevitable traer aquí la histórica respuesta de José Vasconcelos a la pregunta de un reportero de esta región sobre cuál sería su propuesta si llegaba a la presidencia de la República: “Sólo me comprometo a luchar por la educación del país y a no robar.“ ¡Qué manera de poner el dedo en la llaga! Pues, sí señor, si hasta da vergüenza decir que hoy, ochenta y nueve años después de aquel día, también nosotros nos conformamos con eso. ¡Qué más quisiéramos! ¿O no le parece? Claro, podemos soñar.

     ¿Y me leerá el domingo? Aquí estaré. Bueno, eso espero.

 

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