¡Buen domingo, querido lector! En el campo del periodismo, la conversación y la entrevista pertenecen a espacios distintos:

     La conversación es un acto de comunicación que podemos sostener con cualquier personaje importante para comentar sobre asuntos laborales, actitudes ante la vida, experiencias sociales, políticas o familiares o sobre el tema que surja o propongamos. Se trata de un ejercicio verbal sin ningún propósito específico y puede darse en cualquier momento: en un auditorio, en una cabina de radio, en un estudio de televisión, en una columna periodística o en una reunión privada con amigos deseosos de escuchar a una figura pública.

     La entrevista es un género periodístico muy delimitado y obediente a un  guión o temario preestablecido que habrá de prepararse con motivo de la presentación de una obra, proyecto o instalación. Este género sólo debe ser realizado por periodistas especializados en el tema a tratar: exposición plástica, presentación de un libro, de una revista, de una composición musical o la puesta en escena de una pieza teatral. Los medios disponen de “fuentes” expertas en cada materia y son ellas quienes se ocupan de estas actividades: no se trata de un listado a la espera de respuestas concretas, sino de la aplicación de cuestionamientos inteligentes de cuyos comentarios aflorarán conceptos enriquecedores para quienes escuchan y para los propios participantes. Con ese bagaje se envían al receptor de estos actos las luces más eficaces para la obra presentada. Quien propone el cuestionario es sólo el mediador entre esa obra y el público: de este hecho procede la importancia de quiénes preparan y de quiénes aplican las preguntas.

     Una entrevista debe aportar el material básico para obtener desde una recensión hasta un ensayo crítico por demás iluminador ya sea del texto en exposición o de la estética o de la ideología de su autor. En principio, la sustancia procederá del conocimiento de la obra en cuestión y del trabajo general donde se encuentra inserta. Los  periodistas-entrevistadores a veces son artistas o politólogos o economistas. Por su especialidad, su vocación, su experiencia y la calidad de su crítica, las publicaciones periódicas les encomiendan tales tareas en sus columnas especiales.

     Un cuestionario agudo, penetrante, perspicaz, permitirá la ideal recepción de una obra. La mayoría de los entrevistados exigen conocer con toda oportunidad los temas que habrán de explicar; otros proponen los puntos que desean comentar: una observación imprudente puede conducir hacia derroteros indeseables o hacia el fracaso de un evento cultural o político.

     El entrevistador debe estar al servicio del autor. Cualquier actitud ajena puede ser malsana. Si el autor o la obra no son del agrado o de la ideología del entrevistador, éste no debe redactar o aplicar el cuestionario. La posición objetiva no debe perderse nunca. La ética es el ingrediente rector del  buen éxito de una entrevista.

     ¿Lo espero el próximo domingo? Gracias. Podremos conversar sobre lo que usted guste.

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