¡Buen domingo, querido lector! Una “niña del aire”, al ofrecerme sus servicios como limpiaparabrisas de mi automóvil, me recordó al actualísimo personaje del cuento de Manuel Gutiérrez Nájera; luego vinieron los repasos obligados. Y ahora, en respuesta a múltiples y gratísimas preguntas, vuelvo a la inquietante prosa del escritor más completo de finales del siglo xix.

     Sí, Gutiérrez Nájera fue periodista: realizaba las variadas funciones distintivas de los hombres de la prensa del México enclavado en el corazón del Porfiriato. Fueron periodistas Amado Nervo, Luis G. Urbina, José Juan Tablada, Efrén Rebolledo y tantos más en cuya escarcela esplendía el haber enciclopédico. El periodista de aquella magnífica Ciudad de México era –en palabras del propio Gutiérrez Nájera– auténtico homo duplex: desgranaba cualquier tema: las fiestas de los grandes salones, los libros de reciente aparición, las piezas de moda en los escenarios teatrales, las compañías artísticas extranjeras, los deportes de la hora, los discursos de los diputados en la Cámara, los actos públicos del general presidente, los accidentes viales, las opiniones sobre ética, estética y política. Y aun se daban tiempo para su expresión personal: eran poetas, narradores, cronistas, ensayistas. Su nombre  pertenece al catálogo bibliográfico de la historia literaria de Nuestra América.

        Los escritores “fin de siglo” –momento coincidente de diversos intereses  estéticos– formaron filas entre los grandes de las letras. Sí, indudablemente, podemos llamarlos periodistas, sí, pero periodistas del siglo xix, cuyo ejercicio significaba, con toda plenitud, un compromiso social, cultural y político ante la comunidad; una preocupación inquebrantable por la elevación del país en todos sus términos; una apertura hacia las voces plurales; una actitud de admiración y de respeto hacia el mundo clásico, y como parte de su oficio, una permanente actualización del saber universal y un estudio constante de la lengua y del habla: así, cada texto, a pesar de las premuras impresoras y de las exigencias del día a día, fue una muestra de corrección, de elegancia, de precisión, de donosa escritura.

        Sí, Manuel Gutiérrez Nájera fue periodista. Justo Sierra lo llamó “forzado del periodismo”. Como profesional de la prensa mexicana, su vida económica dependía de los ingresos recibidos por su trabajo periodístico. Escribía cotidianamente hasta para cuatro diarios, y lo hacía a pulso, siempre a pulso, ese pulso que hoy, en páginas editadas con supremo cuidado académico, continúa palpitando en cada una de sus líneas.

        La Universidad Nacional Autónoma de México rinde homenaje a su quehacer como escritor innovador de nuestra lengua y publica, en su colección Nueva Biblioteca Mexicana, la edición crítica de su obra aparecida en 37 publicaciones periódicas durante veinte años de trabajo cotidiano.

        ¿Lo espero el próximo domingo? Gracias. Aquí estaré.

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