¡Buen domingo, querido lector! Por favor, no me lo diga ¿sólo tiene un libro preferido? ¡No es posible! Usted y yo hemos hecho de cada libro tocado por nuestros ojos un favorito, ya sea por días o por minutos, pero, en esos instantes, ha gozado de nuestra preferencia. Las páginas leídas nos dejan una lección, una hora deliciosa, una experiencia, una fascinación, una duda, un conocimiento, y qué se yo cuántas cosas más. Ciertamente, hay  lecturas de un momento, de una temporada, de una época o de toda la vida, ¡pero no pertenecen a los designios de la Moda!, y cuando esas lecturas surgen en los estantes de las librerías no buscan a los lectores verdaderos, sino a los seguidores de las órdenes sociales, a esos que sólo pueden respirar en la superficie de la vida, los que no aprendieron a sobrevivir en las aguas profundas: indemnes y prisioneros pececillos de colores. La Moda satisface deseos efímeros masificados. Usted y yo, amigo mío, no seguimos a nadie: vamos al encuentro de lo que necesitamos según nuestros motivos: los exigidos por la investigación en la que trabajamos, los obligados por las tareas encomendadas, los sugeridos por los amigos, los descubiertos por los discípulos o los avizorados en alguna conversación. Todos pasan a formar fila en la nómina de deudas… y las  vamos pagando poco a poco según nuestra particular dotación de tiempo para lectura.

        Usted y yo disponemos de pocas horas para los deleites personales; por ello hemos aprendido a construir una lista jerarquizada en dos vertientes: una cubre las necesidades laborales; otra nos acerca a autores, obras, ideas, citas, versos y a eso que colma a plenitud el tiempo, mucho o poco, destinado a la lectura placentera. Usted y yo debemos, sí, debemos leer a diario para escuchar a los demás, para crecer tan sólo un poquitín al día, para intentar contemplar el Universo, para asumir nuestro lugar en el planeta del que somos parte y, por ello, responsables de su salud. Y, por supuesto, ¡para disfrutar de otras historias!, ¡para descubrir otros colores!, ¡para encontrar nuevos sonidos!

        Cuando un libro toca una sola fibra de nuestra entidad social, política, doméstica, biológica, pasa a la lista de favoritos. Ya el tiempo y sus circunstancias decidirán su permanencia en ese sitio: un día, tal vez, deberá cederlo a otro o a otros; no importa, él ya ha marcado su impronta en nuestro pensamiento, ha ingresado en nuestro metabolismo, no podrá salir de nuestras circunvoluciones cerebrales ni de nuestra sensorialidad ni del mundo de nuestras emociones. Quizá pase a la nómina de los bienamados o a la secreta  de los temidos, o tal vez permanezca allí, vigente, montando guardia, recordándonos nuestro deber ser, por si alguna vez caemos en la tentación de desbalagarnos.

       Lo invito, carísimo lector, a iniciar juntos, hoy mismo, nuestra  lista de favoritos, la que sólo usted y yo conocemos. ¿Nos animamos? Ande, echémonos ese trago, bien fuerte por cierto, porque, ya lo sabe, elegir es renunciar.

        ¿Y lo voy a esperar el próximo domingo? Gracias. Aquí estaré.

https://endulcecharla.wordpress.com

Anuncios