ORLANDO ORTIZ

 ENTONCES Y AHORA

¡Buen domingo, querido lector! He leído, por lo menos, un par de veces los cuentos de Orlando Ortiz: la primera, en sus apariciones iniciales, y hoy, en la espléndida edición que, con el título de Entonces y ahora, el Fondo de Cultura Económica, le ha publicado en su colección Letras Mexicanas, destinada a los clásicos de nuestros días.

     Narrador y maestro de narradores, Orlando sabe jugar con los recursos que domina: es un experto director de riquezas polifónicas cuyas voces no le guardan secretos. Pero el oficio no encubre al artista cuya visión personal del mundo nos entrega una realidad difícil, dura, pero familiar para él como autor, y para nosotros como lectores. Si bien sus escarceos narrativos nos juegan en ocasiones algunas malas pasadas, ningún hilo se escapa a los entramados perfectos, plenos de astucia donde los personajes y las ideas retozan con el tiempo, con el recuerdo, con la fantasía, con la probabilidad y hasta con los valores, presentes cuando menos los esperamos: el mundo apercibido por Orlando Ortiz se mantiene, pulcramente, en un acrobático equilibrio entre lo inesperado y lo cotidiano.

     Sus temas, de absoluta actualidad, participan en una difícil sinfonía posmoderna en la que reconocemos sus aristas. Y la manera de comprender esa sinfonía es un  puente edificado con el lenguaje ideal para llegar a la ínsula del autor –representada por los puntos de vista de múltiples personajes– quien nos pasea, no siempre de manera gozosa, por la violencia de las emociones y de la realidad, por desgracia, demasiado vigente.

     Historia y discurso corren parejas en la escritura magistral de Orlando Ortiz, referente ineludible para quien tenga en su meta el dominio de la palabra. Algunos textos –muy en las tendencias contemporáneas– se contaminan de un juego intergenérico apoyado en esa ruptura ideal en la que nuestros artistas del día se solazan: ya no podemos hacer demasiadas diferencias ni separaciones en ningún sentido. Vivimos un momento delicuescente, paradójico, sostenedor de casi todas las manifestaciones artísticas, y la escritura no es la excepción: cuentos que son monólogos-recuerdos-añoranzas; diálogos impresionistas con resabio a pinturas iconoclastas; ensayos-relatos-poesía y crónica citadina,  todo en uno para complementar sólo una idea. ¿Y acaso los cuentos no son una idea contada por alguien?

     Cada elemento participante en los textos del maestro Ortiz se mantiene en el lugar exacto para obtener un resultado cuidadosamente construido: monólogo, diálogo, descripción y narración cumplen con exactitud sus funciones al servicio de un escritor que sabe aprovechar hasta la última coma de su arsenal lingüístico.

     Lo invito, carísimo lector, a disfrutar esta admirable narrativa: lo acercará a nuestro momento, le hará degustar la buena escritura y, muchas, muchas veces, se mirará en ella como en un espejo.

    Y usted, querido amigo, me leerá el próximo domingo. ¿De veras? Gracias. Lo espero.

https://endulcecharla.wordpress.com

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