¡Buen domingo, querido lector! Ahora, con su venia, debo responder algunas preguntas sobre Retórica. Dicen los gramáticos que hay dos tipos de lenguaje: uno, recto, ceñido con rigor a la norma gramatical, y otro, figurado, conmovedor, persuasivo, que singulariza el estilo de su autor. En este último se aposenta el reino de las figuras retóricas: expresiones desviadas de la gramática con el propósito de lograr un premeditado efecto estilístico: su construcción se realiza por la alteración sintáctica de los elementos que lo edifican, ya sea agregándole, suprimiéndole o sustituyéndole palabras. El arte de crear nuevos significados, jugando de manera intencional con los vocablos, es uno de los caminos de la Retórica.  Estos retozos –trágicos o felices– crean peculiaridades formales cuyo soporte básico radica en la extrañeza provocada por la aplicación no tradicional de la lengua.

     Permítame ejemplificar lo dicho con una figura muy conocida: la metáfora: comparación “abreviada” cuyo caudal no tiene límites, desde los ofrecidos por su autor hasta los asumidos por el lector. Escuche usted este ejemplo clásico de una comparación: “sus cabellos son como el oro”. Aquí,  la conjunción como sustenta la semejanza entre los cabellos y el oro. El lenguaje es directo y no ofrece dudas… ni sorpresas… ni intranquilidades. Ahora leamos estos versos de José Gorostiza: Tiene el amor feroces / galgos morados; / pero también sus mieses, / también sus pájaros. Por supuesto, el poeta falta a la verdad: el amor no tiene galgos, ni morados ni de ningún color, ni mieses ni pájaros; pero usted y yo, caro lector, no ignoramos que el contacto con el  fuego amatorio suele calcinar las alas enamoradas y sonorizar algunas agresiones y hasta provocar temibles mordeduras en el corazón. Pero también sabemos que en esos mismos dominios florecen rosales de regio buqué y vuelan avecillas agoreras irradiando plenitud. Así, Gorostiza, con absoluta conciencia poética, ha sustituido por galgos morados y mieses y pájaros a esos momentos inevitables en toda relación inficionada por emociones y sentimientos: los galgos morados y las mieses y los pájaros han sido transformados en símbolos porque en este bendito Universo todo es uno y lo mismo. ¡Y ya ve usted el resultado! ¡Una de las más hermosas metáforas de la poesía universal!

    Descubrir las coincidencias, las hermandades, los vasos comunicantes entre el maravilloso tejido de los múltiples reinos del Universo es el arte del poeta. Y, en este caso, Gorostiza ha creado una poesía aceptada de manera unánime. La razón lo asiste a pesar de la aparente incoherencia de su voz. Esto es una figura retórica. Esto es una metáfora. Esto es poesía: quintaesencia de la imagen del mundo contemplado por un artista.

     Ande, carísimo lector, anímese a develar sus propias metáforas. Sólo observe cada detalle de su entorno y encuéntrele sus pares en lo que a usted lo hace vibrar. ¡Tendrá revelaciones fascinantes!

¿Lo espero el próximo domingo? Tengo algo qué contarle.

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