¡Buen domingo, querido lector! ¡SÍ, señor!, estamos en el momento justo de escribir nuestra cartita de peticiones. Ande, cuénteme qué le va a pedir al nuevo diputado. Anímese, quién quita y el Cielo nos escuche. Hay necesidades para resolver luego luego, otras para el ratito y, por último, las ideales, las que señalamos sólo porque somos conscientes de su importancia.

     Pues yo tengo algunas, y todas son para luego luego. Esta lista tiene una condición previa, sine qua non: los candidatos a las diputaciones  se harán de inmediato una audiometría, y el resultado les indicará si pueden o no pueden enfrentar una candidatura de ese pelaje. Empiezo:  

 

  1. Recuperar el Premio Nacional Efraín Huerta/Rafael Ramírez Heredia. Esta petición incluye el respeto a la partida económica destinada a cumplir con este rubro. Para no perder el premio con tanta facilidad, debe integrarse un patronato cuya principal obligación sea la de velar por el proceso de su realización: emisión oportuna de las convocatorias, integración del jurado calificador, publicación de las obras ganadoras, entrega formal de los premios y vigilancia del presupuesto correspondiente.

 

  1. Crear una radiodifusora cultural, divulgadora, por todo el país, de la palabra y la obra de nuestros artistas, de nuestros científicos, de nuestros intelectuales, de nuestros promotores culturales. Esta difusora, a cargo de un grupo de expertos, debe proyectar su correcta administración, supervisar el material difundido, elegir las voces representativas, dictaminar los programas incluidos y ofrecer el súmmum que conforma la voz cultural de nuestra región.

 

  1. Editar en antologías individuales la obra de poetas, narradores e historiadores porteños, e incluirlas como libro de lectura obligatorio a partir de la enseñanza secundaria. Leyéndolos, honraremos a nuestros escritores. Se debe contar con el apoyo individual de los autores y de editores expertos. Será decisivo el auxilio económico del gobierno municipal o del gobierno del estado.

 

     Cada ciudadano tendrá su propia lista de acuerdo con las carencias observadas en las distintas áreas. Saltan, de inmediato, las relativas a los problemas cotidianos, como la seguridad  y  el  desempleo  y  los  impuestos  y  el hambre  y… Bueno, en eso ya están trabajando los altos mandos del país, del estado, del municipio, según lo demuestran cotidianamente… ¿o no?  Asumamos esto como cierto y atendamos las particularidades que no obstaculizan las altas metas regionales y sí pueden enriquecer nuestra cultura.

    Esperemos la autenticidad de las ofertas de campaña de los candidatos, su lealtad a la comunidad, y la no utilización de las diputaciones como escalera para ascender a mejores escaños, con el consiguiente abandono de los puestos en manos de suplentes casi desconocidos políticamente.

     Y usted, carísimo lector, ¿con qué se apunta? ¡Debemos pedir! ¿Para qué otra cosa cree usted que sirven los diputados?, ¿de qué otra manera podríamos ser oídos? ¡Piénsele!

     ¿Me leerá el próximo domingo? Gracias. Aquí estaré.

 

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