¡Buen domingo, querido lector! Permítame proponerle un buen proyecto para este parvo 2015: leer y luego leer y después leer. ¿Ha hecho la cuenta de las deudas de lectura que hemos acumulado, desde los primeros libros recomendados como ineludibles por nuestros profesores… hasta el último grito de la moda de hoy? No. Perdóneme. Retiro lo dicho. El último grito de la moda en lectura y esos libritos llamados de “superación personal” no son para nosotros, y nunca podrán ser una prioridad, ni siquiera una alígera tentación para usted o para mí o para ningún ser sensato que habite el universo. Cualquier best seller –por algo se llama así– sólo es flor de un día: el Diccionario  de la Academia lo define como “libro o disco de gran éxito y mucha venta”, es decir, lectura para las masas, siempre interesadas en lo llamativo, en lo que todo el mundo quiere y, por supuesto, abandona luego. Esas masas, con espíritu de urracas buscadoras de oropeles brillosos, unificadas por una estética sin individuación, buscan algo para asirse: necesitan un hito de pertenencia y se aferran a las lecturas recomendadas por algunos gurús de la mercadotecnia. Esos falsos lectores son el resultado de un “sistema educativo” que no se ha interesado en ellos.

         Sí, señor, tal parece que a nuestro sistema educativo no le importa cumplir con su propio cometido: la instrucción pública. ¿Y por qué ha sucedido así? La respuesta es obvia: a mayor ignorancia mayor facilidad para engañar, para sojuzgar, para robar, para someter, etc. En este etcétera anotaremos todos los ingredientes conformadores de los rebaños sin personalidad y siempre de fácil cautiverio.

         Pero no, no nos salgamos del tema. Lo invito a leer a los clásicos, los eternos, los que nos revelan el mundo en toda su verdad y, lumínicamente, sin miedos, nos harán encontrarnos con ellos y fortalecer nuestro camino para enfrentar el mundo.

         Yo tengo una vieja deuda con Shakespeare. Lo leí por obligación en algún curso de Literatura Inglesa. Pero ahora puedo y debo volver a él: escucharlo con otros recursos para recibir sus ofertas y sus compromisos, e intentar comprenderlo… y disfrutarlo.

          No sólo la experiencia de vida, sino también las lecturas de hoy y de siempre, nos maduran, nos auxilian a llegar con más lucidez y más generosidad al conocimiento del hombre: y eso es lo que nos entregan los autores llamados clásicos: ellos saben penetrar hasta la médula, hasta el centro mismo de nuestro ser, ahí donde nos igualamos todos como dolientes de los mismos males, y quizá gozosos de afines e ideales ambiciones.

         ¿Me acompaña en esta ronda? ¿Qué le parece si empezamos con Romeo y Julieta, esa tragedia equivocadamente investida por la tradición con los símbolos del amor. La comentaremos en la Cofradía Lectora Gloria Riestra (Casa de la Cultura de Tampico) el primer martes de febrero, a las 5 en punto de la tarde. Lo invito. Dedicaremos el primer semestre a Shakespeare, a él solito. ¿Se anima?

        ¿Y se animará también a leerme el próximo domingo? Gracias. Lo espero.

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