¡Buen domingo, querido lector! Leer un libro es iniciar una cadena de nombres, títulos, temas, recuentos… sí, y escribir una lista enorme de libros, de autores, de géneros, de épocas. En esos inventarios va el arqueo de lecturas pasadas, de recomendaciones de amigos, de antiguos intereses y todo ese complejo mundo por el que hemos ido sorteando las horas de nuestra existencia.  De todo ello, algo se va y algo permanece… permanece… hasta ser casi imprescindible: tal vez un autor en especial, quizá un libro en particular; posiblemente un texto muy específico, como un poema, como un cuento, como una novela. Y cuando llegamos a ese feliz hallazgo volvemos a la banda sin fin: a la cadena de nombres, títulos, temas, recuentos… 

            No siempre es posible adquirir de inmediato los libros que nos coquetean hasta seducirnos. Las librerías a nuestra disposición no son muy opulentas. Cada minuto nos agobia y nuestro interés puede decaer, o acaso nuestro tiempo disponible lo hayamos gastado en algo “verdaderamente importante”. Y cuando no hemos cultivado el hábito de disfrutar de la lectura como parte primordial de nuestra dieta más allá de toda obligación cultural… y cuando en las librerías disponibles no encontramos el universo que perseguimos… Cierto… la lectura no siempre es un acto con final feliz.

           Frente a estos avatares ineludibles surgen grandes compensaciones significadas en ese encuentro maravilloso con mil títulos invitadores a recordar aquella cadena de nombres, títulos, temas, recuentos: la feria del libro. Hemos sido precavidos y hemos anotado cada una de nuestras ilusiones librescas. Y allí, entre las efímeras estanterías, aparecen, guiñándonos el ojo en señal de reconocimiento, los nombres tantas veces escritos en nuestros balances personales. Al fin, serán nuestros. Sólo que, a veces, las listas son excesivas para nuestro bolsillo y para esos minutos nuestros tan apresurados. Es el momento de asociarnos con otros lectores amigos de similares intereses y adquirir al alimón esas joyas y, ¿por qué no? construyamos una pequeña biblioteca comunitaria en la que participemos los mismos amigos ávidos de esa cadena de intereses, nombres, títulos, temas, recuentos…

                 Lo invito, caro lector, a visitar cuanta feria del libro le jale la atención. En nuestro puerto tendremos pronto una, allí, en el lugar de siempre, frente a nuestro Palacio Municipal, en nuestra Plaza de Armas. Nos visitarán prestigiosas editoriales y traerán catálogos cuyas nóminas elevarán nuestra gula lectora. Es la hora de retirar del ahorro el renglón de libros: ha llegado el momento de ejercer esa cuenta.

             Tampico tendrá su Feria del Libro del 14 al 22 de nuestro próximo noviembre. Hagamos nuestra revisión definitiva. Pero no realicemos en soledad estos trabajos: compartamos esas tareas con los amigos cómplices. Vayamos al banco. Reorganicemos nuestra calenda de lectura y reiniciemos la perenne cadena de nombres, títulos,  temas, recuentos…

            ¿Y me leerá el próximo domingo? Le tengo grandes noticias. Lo espero.

 

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